Fito: El explorador que nos eligió como su familia

A veces, no somos nosotros quienes buscamos a un perro, sino que ellos deciden quiénes serán sus humanos. Y con Fito, la decisión fue unilateral: él nos eligió y, básicamente, no nos dio otra opción.

Todo empezó en enero de 2025. Durante una de nuestras caminatas, un perrito desconocido se unió a la manada de principio a fin. Tan cómodo se sintió, que al terminar se subió al bus de regreso a Medellín. Lo bajamos, pensando que era solo un aventurero ocasional. Pero al día siguiente, allá estaba él de nuevo, esperando, listo para otra jornada y dispuesto a subirse al bus otra vez.

Esta escena se repitió varias veces, hasta que en una ocasión, con todo el dolor de nuestro corazón, tuvimos que cerrar las puertas del bus y dejarlo atrás. Pero el destino tenía otros planes. Ese mismo día, Andrés fue en su carro particular -situación que es poco usual- y allí también se subió Fito, esperando su oportunidad una vez más.

La búsqueda que terminó en adopción Andrés recorrió talleres, tiendas y casas de la zona preguntando por sus dueños. La respuesta siempre fue la misma: nadie lo conocía, no era de allí. Todo apuntaba a que alguien lo había llevado y abandonado a su suerte en la montaña.

En ese momento, supimos que no podíamos dejarlo ahí. Lo llevamos a casa con la idea de que sería un “hogar de paso” mientras encontrábamos una familia. Lo vacunamos, lo esterilizamos, lo bañamos y, sin darnos cuenta, el proceso de “de paso” se convirtió en “para siempre”. Fito nos adoptó mucho antes de que nosotros fuéramos conscientes de ello.

Un carácter con mucha personalidad Fito es el opuesto total a Max: mientras Max es la paz hecha perro, Fito es pura intensidad. Es travieso, protector y, admitámoslo, tiene un genio bastante fuerte. Es sumamente celoso con “su” Max y a veces es un poco reactivo con quienes se le acercan demasiado; sin embargo, es un proceso en el que trabajamos día a día.

Aunque al principio fue un desafío, hoy Fito es un ser sumamente cariñoso que nos llena la vida de risas (y algún que otro susto con sus travesuras). Ha ido mejorando su comportamiento notablemente, demostrando que con paciencia y mucho amor, cualquier explorador puede encontrar su mejor versión.

Fito no llegó a nuestra casa por casualidad; llegó para completar nuestra manada y enseñarnos que, a veces, la familia que elegimos es la que, en realidad, nos encontró a nosotros.

Valeria Duque.

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