Max: De un balcón a ser el Jefe de la manada

En febrero de 2019, nuestra vida dio un giro de 180°. Max, un pequeño Springer Spaniel inglés de solo dos meses, aterrizó en nuestro mundo con una mirada divina y una nariz rosadita que nos desarmó por completo. Pero su historia no empezó con nosotros.

Antes de llegar a casa, Max (quien en ese entonces se llamaba Blu) vivió dos semanas difíciles. Fue comprado por una familia donde, lamentablemente, no fue bienvenido; pasó esos primeros días confinado en un balcón, provocando fricciones en el hogar. Cuando supimos que buscaban un nuevo destino para él, Andrés dudó, pero yo… yo vi esa carita y supe que tenía que ser nuestro.

Max siempre ha sido un alma supremamente tranquila y pasiva. De hecho, parece que nunca le explicaron que sus colmillos sirven para morder o hacer daño; simplemente no está en su naturaleza. Como todo cachorro, tuvo su época de “destructor profesional” —nuestro sofá, el comedor y los tenis de Andrés pueden dar fe de ello—, pero fue solo una etapa. Una vez creció, se convirtió en el compañero más ejemplar que pudimos pedir.

La llegada de Fito y un nuevo equilibrio 

La vida cambió otra vez en el 2025 con la llegada de Fito. Para Max no fue fácil al principio: tuvo que aprender a compartir a sus “papás” y su espacio. Ha sido un proceso de adaptación con algunas sorpresas: Max, que siempre había sido un poco remilgado con la comida y snacks, pronto entendió las nuevas reglas del juego con la llegada de Fito: si no se lo comía él, alguien más lo haría. ¡Y claramente no está dispuesto a compartir! Ese pequeño impulso competitivo fue todo lo que necesitó para dejar atrás sus manías y aprender a comer como todo un profesional. 

Hoy, aunque juegan a morderse y tienen sus dinámicas de hermanos, su relación ha mejorado. Fito encontró en Max a su hermano, y Max encontró en Fito a un guardaespaldas que lo cuida con una lealtad absoluta.

El origen de “Caminando con Max” Lo más curioso es que, sin saberlo, Max fue nuestro mayor maestro. Él fue el responsable de que Andrés y yo decidiéramos vivir juntos para cuidarlo mejor, y poco a poco, su amor por el aire puro y su energía inagotable nos llevaron a descubrir que nuestro lugar no es el sofá, sino la montaña.

Adoptar a Max no solo nos dio un perro; nos regaló el propósito de esta familia y el motor detrás de cada expedición que compartimos con ustedes. La montaña es nuestra oficina, y Max, nuestro guía y jefe supremo.

Valeria Duque.

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